BOULEVARD
Cuento I
Eran las tres de mañana, habiendo caminado todo el día pararon en aquella esquina del viejo hotel. Se habían terminado los cigarros.-maldita sea, de todas maneras seguiremos hasta el amanecer-. Esa era la consigna, le había retado a desvelarse toda la noche sabiendo que era lo peor que el sabia hacer, Mentiras que uno no se desvela por nada, siempre hay una razón que lo justifique, el acto mismo de hacerlo lleva implícito su justificación. Había dos razones por la que estaban allí; la principal no era el amor como ellos pensaban, era saber que no sabían por que buscaban afanosamente algo que lo avalara. Era mas fácil encontrar un motivo al desvelo que al hecho mismo de aun permanecer juntos. ¿Cuantos meses habrán pasado? Pensó Salicifo al momento que se recostaba sobre piernas de ella que a su vez se sentaba en la acera y se recargaba en el poste inclinado que a su vez estaba rodeado de maleza y un gran charco de agua.-hubo un largo silencio ensordecedor en el que ambos tuvieron tiempo para pensar.
La segunda razón por la que ambos seguían en ese lugar, era porque creían necesitar uno del otro, aunque lo que en realidad los unía no era el amor ni la necesidad del otro, era el haber juntado esas pequeñas soledades absurdas de las que no se daban cuenta. Él, cada dia, iba descubriendo aquel dolor insoportable de no hacer ruido en este mundo y quedarse callado estaba acompañado con un dolor enorme dentro del pecho, en la profundidad de su ser, en el ahogamiento de sus monólogos internos al decirse una y otra vez que esos dolores eran insoportables, que había que callarlos de alguna forma. Ella hacia un ruido ensordecedor, que aturdía al que se cruzara en su camino, ella prefería no escuchar ni sentir lo que en su pecho se guardaba, ocultaba todo lo que pudiera hacerle daño.
Habían comenzado a caminar hacia ya mucho tiempo desde la esquina desde donde no se ve hacia delante por la falta de lámparas mercuriales que alumbran los pasos en las calles, pero eso no les importo, el camino no estaba marcado, ellos iban buscando y encontrando cosas que no buscaban; hojas absurdas, desfiles de hombres con caras de sanitarios, payasos que no volvían a encontrarse, sed de pesquisas, de lo otro, siempre buscando lo otro sin saber donde encontrarlo.
Pero ahora, en el silencio absoluto, en el correr de los segunderos de todo el mundo, en la caída del velo de la gran noche, estaban absortos en pensamientos, en silencios que no acababan nunca de llenar el espacio ocupado por todo aquello que les rodeaba.
Salicifo pensó en aquel momento. Donde solo veía aquella mesa de biblioteca en donde escribió por primera vez su nombre, que en realidad no fue el sino el amigo de el que escribió en letras gruesas y tinta azul XIFO no entendía bien su significado solo el agrado de ver escrito por primera vez el nombre del cual se apropiaría, - me gusta- pensó antes y ahora que seguía recostado.- Recordaba haber puesto el nombre de Carlo Max, demasiado alemán pensó. Entonces en cambio cuando vio Xifo no encontró en que pensar ni si era nombre de persona o algo, aun mas, si es que ese nombre fuera de hombre o de mujer solo encontró en el una identificación cercana que no en todas las palabras encontraba.
Comenzó a pensar aquellas palabras que mas le agradaban. -libertado revolución, vagabundo, libro, café, mar, soledad pero de todas ellas xifo era lo mas parecido a todo y a nada. En el momento de encontrar tantos pensamientos se levanto de las rodillas de Dodo
-demonios, se me durmió la pierna- . El silencio, que al romperse se vertió entonces por las calles en que los minutos que habían avanzado irremediablemente se encontraron mas viejos que cuando comenzaron calles atrás.
¿Seria ella la elegida? Cuantas veces rodó por su cabeza la certeza de que era ella cuando la vio entrar por esa puerta, cuando le pregunto como se llamaba, cunado se despidió de el bajándose en la rotonda, cuando la vio en la cafebreria, cuando lo saludo de mano, cuando le vio a los ojos por vez primera. ¿será ella? En sus labios se leía la -elegida- pero en sus ojos la duda se escribías con letras mayúsculas, el no lo notaba pues rara vez veía sus ojos mas que a través de los espejos, o en los aparadores, solo veía correrlos cuando miraba fijamente su rostro en el picaporte de alguna puerta, le gustaba hacerlo porque se dibujaba su rostro de forma divertida, pero solo allí y por las dimensiones era imposible que el se diera cuenta que no había cosa mas cierta que lo incierto.
A hurtadillas subieron las escaleras del viejo hotel, pasillos a oscuras, pasamanos sudorosos, reflejo de luces de lámparas que no veía donde estaban colocadas, el olor era sudor viejo, agrio; ruido de motores de aire por todos lados. Seguramente que servían perfecto para ocultar los gemidos sexuales de las mujeres en el orgasmo, del golpeteo de los resortes de cama del dolor sublime de deseos, las escaleras eran interminables, llegaron a la ventana donde una mano extraña saludo, imposible ver quien era, Dodo algo dijo y se rió, yo quede callado de no saber que decir a no se quien pues era imposible de ver, ella saco uno par de billetes extendió la mano y apareció la cajetilla de cigarrillos, bajamos sin hablar reíamos como locos agitados sudorosos, llenos de sexo ajeno y empapados divertidos, jugábamos a todo sin el ejercicio carnal de divertirnos en verdad, éramos dos vírgenes comprando cigarrillos y caricias ajenas, nos alejamos fumando muchas bocas. era la madrugada que apenas comenzaba.
Camino abajo, contemplé la mirada lejana de un vagabundo que empujaba un carro de supermercado lleno de fieros y papeles con la desesperación de llevar un precioso paquete de cosas importantes, no me pareció su mirada tan diferente como la del dueño de una empresa que con celo defiende los objetos y pertenencias que cree suyo y que cualquier otro ser humano pueda ser capaz de arrebatarle. Un perro corría tras de el ignorado por completo por el hombre, con mirada indiferente el hombre volteo hacia nosotros que volteamos hacia el por curiosidad entupida, dobló a la derecha y se fue tras unas escaleras que descendían a lo mas profundo de la calle para ya no verles mas, -no te quedes atrás,- me dijo mientras encima de nosotros imponente se erguía el puente mas grande que Tampico tiene, una enorme serpiente nos atravesaba colosal de un extremo a otro por enzima nuestro. El bar madero apenas se veía a lo lejos por el boulevard, las casas viejas y escondidas entre árboles y hojas llenas de frutas, mangos, aguacates y platanares al lado de la cinta asfáltica. Las casas hacia abajo y con un cielo despejado y un calor asfixiante en medio de la noche _no te quedes atrás- dijo nuevamente y se hecho a reír -que tonto eres mira, toma- y me cogio de la mano, nos fuimos caminando atravesando todo, empezando a desencontrar las cosas que creí que por primera vez encontraba, el dolor se fue olvidando entre los ruidos que ella hacia para que no se escucharan los de ella, los míos comencé a olvidarlos , a dejar de prestarles atención, la noche apenas comenzaba y yo, recién comenzaba a internarme en ella.
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